Hoy
me asaltaste de pronto con navaja en mano
y no por la espalda, si no de frente
jugaste con el filo de tu arma, me
amenazaste
y yo mientras con un suspiro derrame unas cuantas lagrimas
una
cantidad pequeña
unas lagrimas tan pequeñitas que ni un cocodrilo es capaz de
derramar
mas fueron punzantes como alfileres
tu sabias como herirme y yo
conocía perfectamente tu navaja
tu
flamante arma blanca que usabas justamente cuando yo te abrazaba
cuando sentía
que abrazaba la humanidad
con un amor sencillo pero profundo
Yo que iba a saber
que abrazaba a la misma cloaca de la humanidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario